Welcome to Bella School

Hace unos días unos amigos me explicaron este viaje tan especial que habían realizado. Y no he dudado en contároslo aquí en unussualblog. Con maletas repletas de material escolar y ropa de segunda mano, se fueron rumbo a Kenya y más exactamente a Nairobi. Es un colegio-orfanato donde reciben clases todos los días 170 niños. Además 6 de ellos, los cuales no tienen familia, viven allí.
Su misión, llevar ilusión y aportar su granito de arena en esta organización. Una de sus tareas durante su estancia allí ha sido pintar las instalaciones, como la cocina, la entrada del colegio, etc. Y como veréis en las fotos que me han pasado, creatividad no les faltó. Pero otra de sus tareas y que para mí es mucho más importante fue la de llevar alegría y humor a estos niños.
Aquí os dejo lo que me han contado, escrito por ellos mismos:

Welcome to Bella School

Cuando amanece en Kenya, lo primero que llama la atención es el sol que enrojece las acacias de copa plana. Esta sensación te hace sentirte como en uno de esos documentales que tanto estamos acostumbrados a ver a la hora de la siesta, con la diferencia de que ahora notas que es real.
Al rato se comienzan a oír voces de niños y éstas no pararán hasta que anochezca. Parece increíble la cantidad de niños que pueden salir de todas partes. La mayoría de ellos no están escolarizados porque la escuela pública cuesta un dinero que la mayoría de familias no se puede permitir. En las chabolas que se encuentran en Ngong Road, a las afueras de Nairobi, este era un gran problema, como en cualquiera de los barrios Keniatas. Allí, en el 2006, una maestra jubilada llamada Bilha invirtió el dinero de su jubilación (70 euros) en construir una escuela para estos niños con chapas y maderas llamada Bella.
Lo que comenzó siendo un proyecto demasiado pequeño se ha convertido con esfuerzo en un lugar que sigue siendo demasiado pequeño pero que intenta alfabetizar a 170 niños y niñas. A esta difícil tarea ayudan cada año voluntarios que se ofrecen como maestros. Claro está que para ser maestro en Kenya hay que hablar un poquito de inglés, pero no es problema si hasta allí se acerca cualquier persona con ganas de tener otra visión del mundo. De aprender como enseñar sobre el suelo de arena. De disfrutar de la sonrisa que ilumina la falta de luz y agua corriente. De comunicarse por gestos.
Hasta allí, con esas ganas de aprender del no tener nada y enseñar a los que nada tienen, hemos ido este verano con 4 maletas llenas de material escolar. Y confirmamos el error de pensar que una persona sola no puede cambiar nada. Tal vez no puedas cambiar un sistema político corrupto, o que haya gente en las calles muriendo de hambre, pero sí que puedes hacer que 170 niños y los adultos que les rodean se te metan en el alma y sea difícil sacarlos una vez en España.
Y después de superar el shock cultural al llegar a estas calles te vas empapando de olores, música, bailes, tu paladar disfruta de su mandazi y chapati recién hecho en las chabolas, el choque de manos y el ksuahili que poco a poco empiezas a entender.

Por otra parte existe el Africa paraiso, aquel al que la mayoría de la población no puede llegar, pero al ser “musungu” (un blanquito) te es muy fácil acceder si tienes dinero (dejando a un lado los sentimientos de culpabilidad por permitirte ciertas cosas). Es cierto que no puedes estar en Kenya sin ir a un safari. Simplemente te deja perplejo-a la naturaleza en todo su esplendor y alguna que otra lágrima se cae cuando ves a una manada de leones comiéndose un búfalo mientras los cachorros corren alrededor. Es inevitable el sentirte afortunado-a. También puedes acercarte a Lamu, un archipiélago en el que sólo pueden circular Dhows (barcos de vela) entre los manglares y burros. En el que hace calor todo el año y puedes andar con seguridad entre sus callejones blancos.

Pero… al volver a España hay una cosa que no deja de dar vueltas en tu cabeza. Los niños. Sientes que los has abandonado, que si estuviesen en tu casa sería todo más fácil, que podrías darles de comer a diario, llevarlos al médico, lavarles la ropa, darles agua potable. Pero es imposible y el remordimiento no te deja dormir durante unas semanas.

La fundación Kihana fue creada en 2008, desde esta fundación se gestiona a los voluntarios que todos los años van hasta Nairobi, bien pueden ser profesores o simplemente personas con ganas de ayudar en cualquier cosa como pintar el cole, jugar con los niños o ayudar en diversas actividades, tambien desde Kihana gestionan los apadrinamientos que desde 5 € 10 € 0 20 € mensuales se puede apadrinar a un niño y con ello sufragar sus estudios ropa o comida, 3 veces al año recibirás una carta escrita por ese niño en ingles eso sí, contándote un poco que tal esta llevando el curso, sus aficiones mejores amigos, en fin un poco de su vida.

Carta de Luna y Jorge

Por muy poco dinero puedes apadrinar a un niño, si quieres llevarles un poquito de ilusión, no lo dudes, mas info here o en este correo: simplementeluna@hotmail.com

Con una pequeña ayuda, estos niños podrán mirar hacía su futuro por una ventana más grande.

Brida.

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